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Atelier Pierre Vilar
A destacar:
Exposició centenariAmb el suport de la Generalitat de Catalunya

Pierre Vilar: de la geografía a la historia

El camino recorrido por Pierre Vilar desde la Geografía a la Historia constituye, ante todo, una experiencia personal e intelectual del autor. Pero es también una crónica excepcional –probablemente, la crónica mayor- de las relaciones entre Historia y Geografía en un periodo fundamental de diferenciación y consolidación de las dos disciplinas. Desde la Geografía abierta y plural de comienzos del siglo XXI, la lectura de la obra de Vilar es un testimonio y, al mismo tiempo, un alegato por el diálogo entre Historia y Geografía para comprender la experiencia humana con la naturaleza y el territorio, y para fundamentar también la sostenibilidad del patrimonio territorial heredado.

Se incluye a continuación una selección de textos, de las tres obras que se citan, que permiten conocer las razones y las circunstancias del itinerario de geógrafo a historiador que decidió seguir el profesor Vilar.

Obras de referencia

VILAR, P. La Catalogne dans l’Espagne moderne. Recherches sur les fondements des structures nationales, Le Sycomore, E.H.E.S.S., 1962. A (Las citas con * pertenecen a la edición condensada de 1977. Traducción Josefina Gómez Mendoza)

VILAR, P. Pensar históricamente. Reflexiones y recuerdos. Edición preparada y anotada por Rosa Congost, Barcelona, Crítica, 1997. B

VILAR, P. Memoria, historia e historiadores, Traducción y edición de Aron Cohen. Universidad de Granada, Universitat de València, 2004. C

(A 11)

En términos generales podría decir que sin la guerra civil esta obra habría sido una tesis de “geografía regional”. Sin la guerra mundial y cuatro años de cuatividad, se habría centrado en la historia económica coyuntural. Sin la orden que en 1948 me hizo volver de España en donde enseñaba en el Instituto francés de Barcelona, se hubiera beneficiado más y más deprisa de las investigaciones que había emprendido. Pero hubiera estado menos sistemáticamente construida en función del problema histórico de la ‘nación’, del problema económico del ‘crecimiento’ y del ‘despegue’ que mi enseñanza en la Escuela Práctica de Altos Estudios me ha permitido repensar y escribir.

(C 12-13)

[Braudel y Vilar] Nos conocimos en 1945, cuando los dos, como en la canción ‘volvíamos de la guerra’. Hubiéramos debido encontrarnos antes ya que desde los años 30 teníamos horizontes españoles comunes, él era sólo cuatro años mayor que yo y ambos habíamos tenido los mismos maestros en la Sorbona (…) Hasta intelectualmente seguíamos vías inversas, pero que debían cruzarse: de un proyecto de historia diplomática, él iba a hacer surgir la ‘geohistoria’; yo me fui geógrafo a España y volví historiador. Nuestras curiosidades, nuestros entusiasmos se encontraron un día, aunque para conclusiones y carreras muy diferentes. Cuestión, sobre todo, de temperamentos. No obstante, fue lejos del Mediterráneo donde Braudel encontró su destino. En Brasil. Allí coincidió, hacia 1937, con el geógrafo Mombeig, el sociólogo Gurvitch, el etnólogo Lévi-Strauss: primera encrucijada para las ‘ciencias humanas’. Y en un lento retorno por el mar, estableción con Lucien Febvre la relación que él llamó ‘filial’ y que decidió toda su vida. “Felipe II y el Mediterráneo” se convirtió en “El Mediterráneo y Felipe II”. Como le había sugerido Lucien Febvre desde el primer contacto, la partida entre ambos ‘personajes’ no podía ser igual. ¿Era una ‘revolución’? No hay que exagerar. Pero sin duda era un golpe contra la historia tradicional. Volveremos sobre ello.

(A*10)

La geografía me parecía cada vez más (y no era mal papel) por una parte una técnica (s.a) de información y por otra parte una técnica de organización del futuro. (…) Fue la Historia -con H mayúscula, y la lección es de primer orden- la que se encargó de resolver ese debate interior [entre historia y geografía]. Porque se hacía evidente que cualquiera que fuera el resultado del conflicto español, la Cataluña del día después no sería ya la que yo había visto vivir.

La importancia de la enseñanza geográfica y la influencia de Demangeon

(A 12) Originariamente una investigación geográfica

No fue en absoluto casual que entre 1925 y 1930, el grupo más compacto, entre los jóvenes de mi generación que habían decidido estudiar historia, optaran finalmente, en el momento de comprometerse con los trabajos personales, por la investigación geográfica. (…) Las grandes preguntas, de las que intuíamos más o menos confusamente, que dominarían nuestro siglo, sólo nos eran planteadas a través de nuestros profesores de geografía: demografia, migraciones, colonizaciones, polos de desarrollo industriales y urbanos, transformaciones de los modos de producción agrícola, progresos energéticos, y todavía más cerca de la historia viva que sentíamos palpitar, crisis del mundo británico, futuro de los grandes espacios americanos, despertar de las masas de Asia, nacimiento de los planes soviéticos. ¿Cómo no recordar aquí la impresión que me produjo, cuando tenía veinte años, el pequeño libro de Albert Demangeon: Le Déclin de l’Europe, modelo de sencillez en la demostración estadística, y de diagnóstico precoz?

Además, la enseñanza de Albert Demangeon no rehuía buscar la explicación de los fenómenos contemporáneos hasta en sus orígenes. Me enseñó a observar ‘la revolución industrial’ inglesa a través de Mantoux, y de Mantoux remonté hasta Marx (…)

(C 26-27)

En cuanto a mí me había hecho geógrafo. Igualmente por inquietud por el mundo que me rodeaba. Me parecía (muy vagamente) que no se podía observarlo sin hacerse un poco economista, un poco estadístico, un poco demógrafo. Un hombre me enseñaba el oficio, a la vez con exigencia y con modestia (s.a.) (dos actitudes tan importantes la una como la otra, cuando se quieren evitar las tentaciones literarias como el languaje cerrado de los saberes constituidos). Ese hombre era Albert Demangeon. Figuraba en la primera fila de los promotores de los Annales. Sabíamos que estaba preparando con Lucien Febvre una obra sobre el Rin (¡ya entonces, “Europa”!) que asociaba historia y geografía. Y Febvre había escrito La Terre et l’évolution humaine, espléndida intruducción a una historia universal tratada por problemas y encabezada por el bello título: L’évolution de l’humanité. ¿Promesas de un mejor saber? Sobre todo de un mejor comprender. Tales eran nuestras esperanzas de jóvenes historiadores.

BRAUDEL, Fernand: “La Catalogne, plus l’Espagne, de Pierre Vilar”

Annales ESC 1968, p. 377

1930, año particuliar de la historiografía francesa frente a las diversas ciencias humanas. (…) Desde hacía años, la geografía, en la Sorbona, gracias a Albert Demangeon y Emmanuel de Martonne, eclipsaba, continuaba a eclipsar a la historia, tan pobre aquellos años (s.JGM). [En el Collège de France, Simiand descubría la coyuntura…., no se hablaba ni de Sombart, ni de Weber, ni de Marx]. No oí ni una sola vez el nombre de este último en boca de mis profesores.

Tuvimos que seleccionear más activamente que la mayoría de nuestros condiscípulos –Vilar, algunos otros, yo mismos- nuestros caminos, nuestros puntos de referencia, también nuestros maestros, en unos años tanto más difíciles cuanto que la ciencia histórica no se movía apenas. Vilar dudó, perdió años de juventud y de madurez.

Vocación y formación. La etapa de la École Normale Supérieure. Cataluña como destino de investigación

(B 68-69)

¿Cómo viví, entre 1924 y 1929, mi preparación para la realización de mi vocación de historiador? De hecho, cuando pensaba en mi futuro, no me imaginaba historiador sino geógrafo. También es verdad que por aquellas fechas no había en Francia ninguna contradicción entre las dos vocaciones. En secundaria, se enseñaba conjuntamente historia y geografía. Pienso que era una buena opción. Las pruebas que tenían que superar los candidatos a profesores también incluían las dos disciplinas.

En Montpellier había conocido los trabajos, las tesis de tres grandes geógrafos. Se trataba de tres estudios de la llamada “geografía regional”. Intentaban describir la vida económica y social de las regiones, no únicamente a partir del estudio de la tierra y de sus recursos, sino también del estudio de un largo pasado que abarcaba desde la prehistoria hasta la modernización (s.a.) del siglo XIX. Eran los estudios de Jules Sion sobre Normandía, de Albert Demangeon sobre Picardía y de Raoul Blanchard sobre Flandes. La asociación del estudios sobre la tierra con el estudio de los hombres significaba interesarse, a la vez, por datos de orden científico, de orden económico, de orden demográfico: lo que en años más reciente se ha llamado ecología. Reucerdo que el hombre que me orientó hacia el estudio de Cataluña, Maximilien Sorre, escribió en el curso de los años cuarenta un tratado de ecología que pasó casi desapercibido. [Les fondements biologiques de la géographie humaine. Essai d’une économie de l’homme. París, 1943]

Así pues, hacia 1925, eligiendo ser geógrafo, elegí aquello que se convertiría en mí, más tarde, en una especie de obsesión: la historia total.

(…) Recuerdo también que, a los pocos días de mi llegada a París,uno de mis antiguos profesores de historia de Montpellier, (…) me enseñó uno de los primeros volúmenes aparecidos de la colección titulada L’Évolution de l’humanité, que habría de convertirse en un gran proyecro de Lucien Febvre. El título me gustó. Resumía bien la materia de toda ciencia humana: penser históricamente la evolución de la humanidad.

Toda historia debe ser pensada sociológicamente, toda sociología debe ser pensada históricamente.

(B 96)

Ya he hablado de lo que un estudiante de 1925-1926 podía pedir a la Sorbona mientras se hacía geógrafo. De entrada, una primera mirada sobre las relaciones entre la tierra y los hombres. El procedimiento más apropiado era lo que nosotros llamábamos “excursión geográfica”, que podía durar algunas horas o algunos días. A veces se trataba de simples salidas de los estudiantes al campo (…) Pero en las grandes excursiones nos acompañaban los maestros, los profesores; y las clases ex cathedra eran reemplazadas por las lecciones que escuchábamos en las orillas de los ríso, en las cimas de las montañas, con los pies pisando el suelo. A veces, también, en los albergues.

En un rincón de una mesa de uno de estos albergues, Maximilien Sorre me dijo un día: “He estudiado Cataluña, sus montañas, sus campos. Pero entre los Pirineos y el mar existe una Cataluña industrial. ¿Por qué usted, que está buscando un tema de investigación, no estudia el sentido de esta industria? Sus orígenes, sus causas, su situación actual. Nosotros le facilitaríamos los medios de investigación.” Y así supe que pasaría el mes de septiembre de 1927 entre el Mediterráneo y los Pirineos.

(C 130-131)

Como he contado muchas veces, [mi opción por España] fue completamente fortuita. Vino después de hablar con el geógrafo Maximilien Sorre, durante una excursión de geografía, para que me sugiriera un tema para mi trabajo de lo que entonces se llamaba el diplôme y ahora es la maitrîse, la primera investigación directa que se pide a los universitarios franceses. Yo estaba hecho a la idesa de que haría estudiar la viticultura en el Bajo Ródano o algo así, pero él me dijo: ¿por qué no pasa usted la frontera y ve lo que hay en Cataluña? Y añadió: yo he estudiado la Cataluña rural, pero no he tenido tiempo de estudiar la Cataluña industrial; si usted se fija en esta última faceta encontrará cosas muy interesantes. Yo me dije: ¿por qué no? Era los más intersante que me podía sugerir. Acepté, pedí una beca para ir a Barcelona y puedo decir que toda mi vida se decidió en ese momento.

(A* 7)

Acogí con alegría la sugerencia de Max Sorre: más allá del mundo pirenaico que había explorado por sí mismo, me señalaba el gran interés de lo que hoy llamaríamos el “polo de desarrollo catalán”: la aglomeración industrial de Barcelona, que extendía sus tentáculos por un mundo de pequeñas cuencas agrícolas, ricos corredores de circulación, activos valles. Confiaba en que el estudio me permitiría conciliar mi nostalgia del paisaje mediterráneo y mi curiosidad por los grandes complejos industriales. Dediqué mi trabajo de principiante a “la vida industrial de la región de Barcelona” y nunca me arrepentiré.

La primera estancia en Barcelona. El descubrimiento de una ciudad, el descubrimiento de una cultura y de una ciudad

(A 131-133)

Introducción. España y Cataluña. Examen retrospectivo de las relaciones entre los dos grupos

(Los franceses comprenden mal el nacionalismo) debido a una actitud de espíritu nacida de una estructura nacional definitivamente cementada desde la Revolución : el francés tiende a considerar las naciones como hechos naturales verificados por la presencia de estados (…)

España, estado unificado de estructura antigua y de apariencia sólida, ha tendido, bajo la influencia de los renacimientos nacionales del siglo pasado [del XIX], a desagregarse como los imperios incoherentes de Europa central y oriental, y a dejar que revivan recuerdos políticos medievales, en la época en que los viejos reinos alemanes, o las gloriosas ciudades italiansa acababan de constituirse en Estados modernos. Curiosa contraexperiencia. (s.a.)

Con esta experiencia me encontré durante mi primera estancia en Cataluña en 1927. Añado, para ilustrar la ingenuidad de mi testimonio, que no tenía formada ninguna idea preconcebida sobre el “catalanismo”, y que no se trataba en absoluto del asunto que quería estudiar.

Tuve conocimiento del movimiento en los medios intelectuales.

Me alojaba en una residencia de estudiantes, modesta, no oficial, que albergaba muchos extranjeros, pero que, como vestigio de las obras de la Manconmunitat de 1912, era un buen centro de observación para ver vivir y pensar a la intelligentsia del país. Escritores, poetas, universitarios, teniendo o no que ver con la política, un Pompeu Fabra renovador de la lengua catalana (…) Allí se iniciaba uno muy deprisa en la vida de algunos órganos esenciales de la Cataluña intelectual y descubría uno en seguida la importancia casi exclusiva de la idea catalana como motor espiritual de toda una colectividad. (…) Se relegaba voluntaria, pero espontánea y naturalmente, al catalán al rango de una lengua extranjera. (…) Con los demás extranjeros (aparte de los iberoamericanos) se prefería el francés o el inglés como lengua de relación común.

(B 97-101)

En la estación de Barcelona, pude elegir entre coche de caballos y taxi. Elegí el coche, e hice bien, porque la lenta subida desde la estación de Francia hacia el barrio de Gràcia fue deliciosa. Parques, grandes avenidas, encrucijadas armoniosas. [El director de la Residència de Estudiantes, Miquel Ferrà] me enseñó el edificio. La visita empezó en la terraza, desde la cual se divisaba Barcelona entera, entre el Tibidabo y el mar. Me sedujo al instante. Supe que sentiría una auténtica pasión por esta ciudad. (…)

El primero en acogerme y en introducirme en los rincones históricos de Barcelona fue el geógrafo Pau Vila. (…) Pau Vila me hizo llegar unas palabras, en catalán, invitándome a encontrarme con él el Centre Excursionista de Catalunya (…) Una palabra se me había resistido. La palabra Arxiu, no me decía nada, (…) pero también este dato era significativo. A mi maestro Demangeon le gustaba definirse como “un geógrafo de archivo”. Pau Vila me mostró, después del templo romano, el Archivo de la Corona de Aragón, el palacio medieval. Tras haber entrevisto Barcelona, fenómeno geográfico, desde la falda del Tibidabo, tomaba contacto, de este modo, con veinte siglos de historia.

Pau Vila me propuso inmediatamente un apretado programa de visitas fuera de la capital. Él se encargaría de acompañarme en las visitas al mundo rural: juntos visitaríamos las masías y yo conocería familias de pageses. Las recordaría siempre. (…) percibí el gradfo de conocimiento del suelo, de los animales, de los edificios, diverso, según el tipo de pagesia catalana (…) Aunque había ido a estudiar la Cataluña industrial, no me interesó menos esta Cataluña agrícola. Pau Vila me enseñó que no era posible separarlas.

Visité numerosas colonias industriales, dispuestas a lo largo de los ríos; y lo hice de la mano de un geógrafo tan joven como yo, Gonçal de Reparaz.

(…) (N)o tardé demsiado en identificarme con los problemas que quería estudiar. Cuando regresé a la École Normale, después de mi primer viaje de 1927, empecé a ser conocido como catalán, como catalanizante y un poco,¿por qué no?, como catalanista. (…) Obsesionado por mis cifras, (mis amigos respondían a la pregunta de dónde está Vilar): “está haciendo el mapa industrial de Cataluña”.

(C 132)

Braudel [en su reseña sobre mi trabajo] escribió que mi interés por Cataluña se debía a que yo era catalán, y no es verdad. Soy del Midi, y hasta cierto punto hay un parentesco entre las dos cosas, pero catalán no lo soy. Lo que sucedió fue exactamente lo contrario: yo no me daba cuenta de lo que significaba ser catalán. Fue despues cuando pude ver que aunque Cataluña era una parte de España, había unas contradicciones internas, unas oposiciones que había que estudiar: ¿por qué? Esa era la problemática.

Algunos razonamientos geográficos sobre Cataluña y España

VILAR, P.: “La vie industrielle dans la région de Barcelone”, Annales de Géographie, 1929, p. 339

El secreto de la unidad económica (catalana) se realiza en torno al centro de vida barcelonés, al que se vinculan las actividades catalanas más alejadas en apariencia (…) El verdadero fenómeno geográfico, aquel cuya cohesión justifica un estudio de conjunto, es menos el centro industrial “catalán” que el centro industrial “barcelonesa”: a menudo la influencia de Barcelona alcanza los límites de su provincia histórica. (…) Cataluña ha sacado su valor económico de la conjunción de una feliz posición general y de sus recursos humanos. (…) Hay que decir sin embargo que era particularmente favorable a la asociación del país entero a influencias externas; un feliz configuraciñón de la red de valles parece orientar hacia el mar la actividad del interior y hacerla confluir en algunos puntos privilegiados de la costa.

VILAR, P. “L’utilisation hydraulique des fleuves espagnols”, Congrès International de Géographie, Paris 1931. Tomo 3 editado en 1934, pág. 591.

Los caracteres generales (de la electrificación) no son la expresión de una adaptación a las condiciones geográficas sino más bien del resultado de una evolución histórica en la que las tendencias y el ritmo de la construcción han estado determinadas por las preocupaciones de orden económico comunes a todo un regimen y particularmente brutales en España. No se ha tratado en efecto de utilizar las posibilidades naurales para transformar una economía retrasada; lo que se ha perseguido es sacar beneficio rápido de las necesidades de una vieja organización industrial, artificialmente modernizada y ávida de fuerza motriz. Estudiaremos este mecanismo de edificación hidroeléctrica y sus resultados, pero importa antes discutir las apariencias según las cuales las fuerzas ordenadas parece dictada por la realidad geográfica.

(…) La producción [periférica] se ha desarrollado a pesar (s.a) de las dificultades. (…) La explicación del actual dispositivo de las fuerzas instaladas procede casi exclusivamente de los fenómenos económicos y se puede suponer que por la naturaleza de su hidrografía España estaba más llamada a ser un país de embalses mesetarios y de saltos bajos, que al predominio actual de las utilizaciones de montaña.

Son las necesidades, no las posibilidades, las que en realidad han dictado los proyectos eléctricos. (…) El fenómeno esencial ha sido en realidad la intervención del gran capitalismo extranjero, atraído por las especiales condiciones de España: un país en el que una actividad localizada carece de carbón pero que es financiera y técnicamente incapaz de organizar una electrificación rápida, es campo abonado para la intervención internacional, una especie de “país nuevo” abierto a la especulación. El ejemplo catalán es llamativo.

(…) Conclusión. La ley del progreso de la utilización hidroeléctrica en España es de índole casi exclusivamente económica, se explica por el régimen mismo de la producción: el uso se adapta a la economía existente, por el intermediario de intervenciones financieras, concurrentes o coaligadas, según el estado del mercado que las atrajo en primera instancia. Las condiciones geográfica –por lo demás mal conocidas- sólo influyen de manera negativa. Este hecho –claro en España- tendría que verificarse en otras economías nacionales.

Pero la geografía puede proponerse otros fines: por ejemplo, colaborar técnicamente, a través de un trabajo de síntesis, en la determinación teórica de las posibilidades que ofrece el clima, la hidrografía, la morfología; puede dar cuenta de las modificaciones previsibles o deseables, en los dominios demográfico o económico. Pero no puede olvidar que entre la realidad y la adaptación ideal a la naturaleza se interpone un complejo económico que no conducen –más bien al contrario- al uso de los recursos naturales ni siquiera de la técnica humana. Este complejo, en un estudio general de las condiciones de utilización de los ríos, merecería ser analizado entre las fuerzas que tiene que vencer el hombre en su esfuerzo de poner en producción la tierra.

El abandono de la geografía como campo de estudio

(A*8)

Me encontraba, pues, ante el conflicto de conciencia que debe ser (me imagino) el de cada geógrafo confrontado a la edificación de una monografía regional. Cualquier límite que se impongta a su investigación, ya sea por tener elegir una subregión arbitrariamente delimitada, ya sea por una preferencia demasiado exclusiva por una de las formas de análisis, amenaza la solidaridad espontánea de los hechos, la personalidad concreta del grupo humano y, por ello, puede disolver el objeto mismo que había que estudiar. Pero tratar un objeto demasiado amplia como totalidad exige aprendizajes demasiado variados. (…)

Había otro aspecto del método geográfico que me atormentaba (…) Me interesaba por el singular contraste entre el Oeste y el Este catalanes: por un lado una excepcional aridez (incluso en medio ibérico), por otro la excepcional abundancia de agua entre los Pirineos y el mar. Decidí consagrar una atención particular a la fluviología del Ebro, así como a la historia de su economía y de su utilización, trabajo que era posible por primera vez gracias a la entusiasta iniciativa del gran ingeniero Lorenzo Pardo, gracias a la red de observaciones de su Confederación y a sus “planes” hidráulicos en lo que se encarnaba el sueño de Joaquín Costa. (…) Llegué a la convicción, cada vez más firme, de que la aproximación geográfica, en todo el problema del desarrollo, suponía arriesgarse a equivocarse. (…) Los principios de utilización hidroeléctrica de los ríos españoles se presentaban casi como un desafío a las sugerencias naturales. No era el potencial hidroeléctrico pirenaico el que había determinado, para el núcleo catalán, el impulso del siglo XX: por el contrario, era la existencia del núcleo industrial catalán el que había decidido –y casi en condiciones de improvisación, dadas las penurias energéticas de los años 1914-1917- la construcción de grandes centrales. (…) En una palabra, todo conducía a la historia (s.a.). Las posibilidades geográficas no tenían otro interés (salvo algunas evidentes limitaciones) que en la perspectiva de futuro.

(…) Aunque hubiera podido,desde 1936, ofrecer la descripción monográfica regional que me había prometido, no habría tenido más valor que el de un corte estructural en una fecha dada, ni más ni menos interesante, para la comprensión del país, que la que podía construir, a partir de documentos estadísticos o descriptivos, para 1898 o para 1714. Estuve tentado de reaccionar, sin duda excesivamente, contra un método de aproximación que me había lanzado inútilmente en búsqueda de actividades inhumanas y de una actualidad “fugaz”, contra una razón geográfica siempre demasiado evidente, siempre demasiado débil, demasiado propensa a convertir la constatación en explicación y a cartografiar tautologías.

(…) Desde entonces, he sido más justo con el método geográfico. He consagrado una buena parte de la introducción de esta obra a un estudio del “medio” regional.

(B 120)

Desde Francia, mis maestros universitarios, próximos o lejanos, me pedían reflexiones de carácter menos general: artículos sobre el ferrocarril y las carreteras en España, la industria del corcho en Cataluña, Barcelona como ciudad, Barcelona como puerto. (…)

Quiero hacer notar también que no sólo recibía encargos de geógrafos: también se pusieron en contacto conmigo algunos historiadores. Fue el tiempo en que Marc Bloch empezó a escribirme cartas muy amables para que yo colaborar, desde Barcelona, en los Annales d’Histoire Economique et Sociale, que él dirigía juntoa a Lucien Febvre. Mis reflexiones sobre la rabassa morta datan de aquellos años.

Nota 57. Lucien Febvre había escrito a Marc Bloch a principios de junio de 1933: “Étard me dijo anteayer: ‘En España, pensad en el pequeño Vilar (sic), geógrafo, que me ha parecido siempre particularmente vivo.”

(C 27)

Añadiré que, en el transcurso de los años siguientes, nunca tuve la ocasión de encontrarme personalmente con Marc Bloch. Pero, estando yo en España, recibí de él, la solicitud de dos artículos, uno sobre “Le rail et la route en Espagne” y el otro sobre “Le commerce mondial du liège”. Me divirtió mucho viniendo del autor de los Rois thaumaturges. Me permití adjuntar a mis envíos un breve comentario sobre un contrato vitícola de roturación desde la Edad Media a nuestros días. El que reaccionó entonces fue el autor de los Caractères originaux: amable agradecimiento y observaciones agudas. Este era el espíritu de los Annales; no se preguntaba a un investigador si era geógrafo o historiador, medievalista o contemporaneístas, curioso de las cifras o apasionado de las “mentalidades”. Se le preguntaba; ¿puedes ayudar a resolver problemas?

La historia coyuntural en el itinerario vilariano

(C 16)

La “Escuela de los Annales” (si es que se puede hablar de tal “escuela”) son Lucien Febvre y Marc Bloch, y, remontando a los orígenes, Henri Berr. Braudel añadía a Lacombe. Pero tampoco olvidaba, para los años 30, a François Simiand y Ernest Labrousse, a Henri Hauser, a Georges Lefebvre, a los geógrafos. Sólo le he visto injusto con Mathiez. Son estos hombres y estos años los que desembarazaron a los historiadores franceses del yugo de la historia positivista, los que crearon en ellos nuevas necesidades: la historia de la materia social, la historia-problema; la historia como unidad de lo económico, lo social y lo mental.

(C 30)

(…) El historiador había escogido otros maestros. Empezando por François Simiand. Este sociólogo, fiel durkheimainao en algunos de sus enfoques (…) había explorado, desde 1907, un terreno más próximo de la realidad socioeconómica de su tiempo: el movimiento de los salarios en las minas de carbón, salario nominal, salario real, percepción social de estas dos formas. Desde esta primera “preguerra” hasta los últimos años 20, Simiand se batió en solitario por la causa de una sociología “positiva”, estadísticamente fundamentada sobre largas reconstrucciones. Atacaba con dureza: 1) la historia “historizante”, por su utilización pueril de las “causalidades”; 2) la geografía regional (“una meteorología de huertecillo”); 3) la economía teórica (una ciencia al margen de la experimentación); 4) la historia económica “descriptiva” de los alemanes. (…) Cuando nos deja François Simiand (1935) un hombre le sustituye en la modesta docencia de Hautes Études. Es ya el autor de Esquisse du mouvement des prix et des revenus en France au XVIIIème siècle en 1933

(A*13)

Entre 1932 y 1936, se organizó internacionalmente la observación histórica del movimiento general de los precios, y, en la ciencia económica, bajo el efecto de la Gran Depresión, reinaba la “coyuntura”.

La obra de Simiand (Le salaire, l’évolution sociale et la monnaie, 1932) estaba adquiriendo una fuerza que venía a justificar las acusaciones de insuficiente rigor que el autor había hecho antaño contra las monografías regionales de los geógrafos.

(…) La obra de Ernest Labrousse podía fundar la historia social más profunda, la de las clases en la dinámica de sus contradicciones, y finalmente aclarar, en sus orígenes, y su desarrollo, no sólo movimientos económicos, pero de pensamientos, de doctrinas, de instituciones, de acontecimientos. La historia cuantitativa se confirmaba y tendía hacia una historia total, mucho mejor que una síntesis geográfica cuyos métodos eran demasiado poco precisos y fascinada por una actualidad ilusoria.

(…) Tenía pues que reconstruir para todo el siglo XVIII el movimiento de los precios catalanes (…) ya que el alza de los precios europeos tenía que darse en Cataluña.

(B 166-167)

Durante la Segunda Guerra Mundial, en el cautiverio, con fuentes extremadamente diversos, he podido reconstruir los textos esenciales para la comprehensión de la obra de Marx.

Cataluña: balance del medio geográfico

(A 260 y siguientes)

El Tableau de Vidal sigue siendo para un historiador la orientación geográfica por excelencia. (…) Pero no es faltarle al respeto, sino rendirle homenaje, esforzarse, cada uno en la medida de sus posibilidades, en su método de reflexión, cuando se trata de abordar un estudio en el que participan, a través de la geografía humana, todos las relaciones sutiles entre la naturaleza de un país y su destino.

Conclusión: los fundamenteos geográficos de la personalidad regional. Nos encontramos pues, en este caso, sobre una extensión más pequeña, ante los mismos caracteres que Vidal de la Blache señaló para Francia, y a los que el estrechamiento confiere más intensidad. Cataluña es un complejo de “buenos países” y de “países mediocres”, que a menudo se desdeñan o se envidian, pero que no podrían pasarse loa unos sin los otros, porque de unos a otros circulan los productos y emigran los hombres. Cataluña, como Francia, es una fusión de variedades y absorbe su propia emigración.

[Barcelona] se ha convertido en capital y casa común de los catalanes. (…) Por un lado, la actividad regional se resume en la ciudad, lo que significa que la ciudad crea la unidad orgánica de la región, no que aplaste la vida local. (…) Existe una solidaridad natural, geográfica, de los Pirineos al mar.

Pero que esta unidad surja de la fusión de matices refuerza singularmente la originalidad de Cataluña en el seno de la Península. Las otras grandes regiones de España –Castillas, Aragón, Extremadura, Alta Andalucía, Valencia, Galicia, incluso el País Vasco- se caracterizan por poderosas dominantes físicas y geográficas, a menudo de gran monotonía.

(…) España está hecha de contrastes, pero de contrastes macizos. El kaleidoscopio catalán puede parecer al viajero de la Iberia interior menos poderos y menos sabroso. Pero¡mucho más rico en posibildades!

La crítica de Fernand Braudel a Cataluña, 1968

Para Pierre Vilar, Cataluña es un universo en sí mismo, como la Bélgica gloriosa para Pirenne. Sólo Cataluña, considerada con delectación, casi como a una persona, siguiendo la pauta de un micronacionalismo tierno, vigilante, simpatizante. En suma, una patria, un fin en sí mismo.

(…) En realidad, no es en el exterior, salvo excepción, donde el autor ha buscado la explicación de la historia catalana, sino en Cataluña misma, preocupado como estaba, ante todo, por la importancia de los movimientos desde dentro, crises campesinas y urbanas, ascensos sociales sucesivos, portadores todos ellos de una cierta idea catalana. ¿Para qué sirve ese largo preámbulo geográfico del que no se habla después? (…) Por qué haberse quedado restringido a solo Cataluña? Quizá la explicación, para resolver estas contradicciones procede de la pasión que anima a este libro y del programa que le ha impuesto.

La obra de Vilar está concebida a través de las experiencias catalanas. Se ha hecho catalán, como Febvre de France-Comté

El secreto de un destino captado desde el presente domina, inflexiona, aclara y confunde la enorme reconstrucción.

Pierre Vilar, historiador de Cataluña, ha querido ser ante todo historiador de la nación catalana. El libro tenía una misión: poner de manifiesto el fenómeno nacional. Es una pasión.

Los trabajos geográficos de Vilar sobre Cataluña

La vie industrielle dans la région de Barcelone”, Annales de Géographie, XXXVIII, nº 214 (1929), pp. 339-365 [mémoire de maîtrise dirigida por A. Demangeon]

L’utilisation hydro-électrique des fleuves espagnols”, Comptes rendus du Congrès International de Géographie, Paris 1931, III, 1934, pp. 591-607.

Enquêtes contemporaines. Le rail et la route en Espagne: leur rôle dans le problème général des transports en Espagne”, Annales d’Histoire Economique et Sociales,nº 30, 1934, pp. 571-580

L’Espagne et le commerce mondial du liège”, Annales de Géographie, vol. XLIII, (1934) pp. 282-298

Le port de Barcelone”, Annales de Géographie, vol. XLIII, nº 245 (1934), pp. 489-511.

Sur l’histoire sociale de la Catalogne”, Annales d’Histoire Economique et Sociale, nº 33, mai 1935 (En español el mismo año en el Anuario de Historia y Derecho Español)

Barcelone”, Revue Géographique des Pyrénées et du Sud-Ouest, 1, 1936, pp. 22-35 (En catalan, mismo año en le Butlletí del Centre Excursionista de Catalunya, n º 498, pp. 403-414.)

Les Pyrénées” (Luis Solé Sabarís: Los Pirineos, El medio y el hombre, Barcelona, 1951), Annales E.S.C.IX, 1954, pp. 554-555

[Cataluña] Libro I. “El medio natural y el medio histórico. Primera parte: las permanencias y le medio lejano [Definiciones y límites de la región estudiada. El medio natural. El medio histórico]., La Catalogne dans l’Espagne moderne.Le milieu géographique et historique. Paris, Le Sycomore, Editions de l’E.H.S.S. 1962. Edición española : Barcelona, Crítica, 1978.

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Josefina Gómez Mendoza
Geógrafa y Académica de la Historia

Rafael Mata Olmo
Presidente de la Asociación de Geógrafos Españoles